En el día en el que el boxeo argentino despide con inmenso dolor a uno de los suyos, a un guerrero incansable, es inevitable el recuerdo de una de esas noches que quedarán para siempre grabadas en la memoria del deporte: el histórico combate que catapultó definitivamente a Jorge Locomotora Castro a la cima. Su consagración definitiva en el plano internacional. La noche de la otra “Mano de Dios”, la pelea más épica de su carrera, ante el estadounidense John David Jackson.
El 10 de diciembre de 1994, el boxeador nacido en Caleta Olivia protagonizó una de las hazañas más recordadas del boxeo argentino y mundial. En Monterrey, México, el santacruceño defendía el título mundial mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) frente al estadounidense John David Jackson, en un combate que, luego de los primeros rounds, parecía tener un desenlace inevitable: el campeón estaba siendo ampliamente superado, tenía el rostro desfigurado por los golpes y sólo un nocaut podía salvarlo de perder el cetro.
La pelea había llegado a esa instancia después de una serie de postergaciones. Jackson había sido despojado del cinturón por la AMB tras cancelar en reiteradas oportunidades su ya acordado enfrentamiento ante Castro, por lo que el organismo ordenó que se disputara el título vacante entre el argentino y Reggie Johnson. El 12 de agosto de 1994, en San Miguel de Tucumán, la Locomotora se impuso por decisión dividida y se convirtió en campeón mundial.
Después de noquear a Alex Ramos en una defensa optativa, por fin el escenario quedó encaminado para el esperado y tan postergado enfrentamiento ante el estadounidense. Pero tanta espera, sin duda valió la pena…
El momento en el que Locomotora Castro tira a Jackson.La superioridad de Jackson quedó expuesta desde los primeros asaltos. Con una derecha larga y potentes golpes de izquierda, el retador castigó al campeón hasta provocarle heridas en ambos párpados y en la boca. Después del séptimo round, el médico consideró que Castro no estaba en condiciones de continuar, pero Luis Spada, su representante, consiguió que el árbitro sudafricano Stanley Christodoulou le permitiera seguir. El octavo asalto tampoco ofreció una recuperación para el argentino, que llegaba al descanso con la certeza de que su última oportunidad estaba por comenzar.
“ Me dijeron que era el último round: si no noqueaba en ese, chau, me iban a parar la pelea. No tenía otra oportunidad, no había salida”, recordó Castro tiempo después sobre aquella situación límite. Las tarjetas de los jueces reflejaban la diferencia entre ambos: dos le habían dado todos los asaltos a Jackson, mientras que el tercero apenas había considerado ganador al argentino en el cuarto. En el noveno round, el estadounidense continuó dominando y, cuando faltaban 62 segundos para la campana, conectó un zurdazo que dejó al campeón tambaleante.
Sin embargo, tal como Locomotora Castro reconoció en una nota posterior, había simulado estar al borde de la derrota para que su rival se confiara. “El negro fue boludo porque se confió”, bromeó el protagonista de la epopeya.
Entonces llegó el golpe que cambió la historia. Después de intentar conectar una derecha que no encontró su objetivo, Roña Castro aprovechó el movimiento para lanzar una izquierda que impactó de lleno en el mentón de Jackson y lo mandó a la lona. Él mismo la bautizó “La mano de Dios”, haciendo una clara referencia al primer gol de Diego Maradona ante Inglaterra en el Mundial de México 1986.
Locomotora Castro tras el combate.El estadounidense consiguió levantarse, pero volvió a caer en dos oportunidades más, hasta que el árbitro dio por terminado el combate por nocaut técnico en el noveno asalto. La victoria le permitió al argentino retener el título mundial y le valió el reconocimiento del mítico Don King, quien lo distinguió como el boxeador de la velada y le entregó un premio adicional de 7.000 dólares.
Semanas después, la revista especializada The Ring eligió el enfrentamiento como la mejor pelea del año y ese noveno round como el mejor de la temporada.
Las dolorosas consecuencias de la batalla más épica de Locomotora Castro
La hazaña, sin embargo, tuvo un costo físico importante. Castro recibió seis puntos de sutura en el párpado izquierdo y cinco en el derecho, y debió regresar a la Argentina con un antifaz que le cubría los ojos.
“Fue un momento muy feo. Cuando me vi en el espejo, me puse a llorar. Y no por haber ganado la pelea, sino porque nunca me había visto así, todo roto. La cara era una máscara. Me dio muchísima impresión. Nunca me sentí peor”, contó. También resumió lo que había vivido con una frase contundente: “Fue la peor pelea de mi vida, nunca nadie me pegó tanto”.
Días después, la inflamación bajó, el dolor desapareció, pero ese épico combate quedó y quedará grabado para siempre en la historia del boxeo mundial.










