En las épocas recientemente evocadas por el reto de los 80s de Instagram, para escuchar la radio había que girar una ruedita: la diferencia entre escuchar Innuendo de Queen o una fritura radicaba en la calidad del aparato analógico, pero también en cuán ejercitada estaba la motricidad fina del usuario. Todo un desafío, sobre todo para los que se sentaban a grabar en los cassettes los últimos hits. La versión neanthertal de Spotify o YouTube Music.
Así como los abuelos (o padres, o hijos que ahora son padres o abuelos) elegían pintar o marcar las escalas de frecuencias para no perder la estación que tanto trabajo había costado enganchar, se entiende por qué Leonardo Ponzio no cambia la estructura de River: especialmente de la mitad de la cancha hacia adelante, el equipo ya sintoniza.
Thiago Almada, Ángel Correa y Tobías Andrada llegaron a River con 17 días de diferencia aunque conectan como si no fueran compañeros hace apenas un mes: la buena onda con la que transitan el día a día, en parte por el conocimiento que tienen entre ellos por compartir agencia de representación, se ha trasladado a la cancha. Tanto es así que desde que los tres se ensamblaron como titulares, el funcionamiento de River se ha ido acercando al ideal que antes perseguía Eduardo Coudet (el que los eligió y los juntó) y que ahora sostiene Ponzio.
La conexión Almada-Correa que potencia el ataque
Compinches, Thiago y Angelito llegaron a Núñez con una amistad forjada entre las reuniones motorizadas por sus agentes y la Selección Argentina. Tanto que compartieron Qatar 22. De estilos compatibles, con rasgos similares y otros tantos complementarios, Correa y Almada parecen haber memorizado tanto las intenciones como los movimientos del otro. Que incluso, por una especie de efecto derrame, han hecho lucir a otros talentos ofensivos satelitales: Sebastián Driussi -el centrodelantero que, por cualidades, mejor conectó con ellos- y Tomás Galván, de reciente doblete y tácticamente decisivo para cubrir espacios y actuar como segunda guitarra para sostener el ritmo.
El flujo entre Correa y Almada ha ido incrementándose en campo. Los compases que generaron aplausos durante el primer tiempo del 2-2 frente a Vélez se extendieron un tanto más ante Independiente Santa Fe (el 1-1 fue un golpazo), Banfield y la Lepra mendocina. La amistad que se forjó afuera ahora rinde adentro. Tanto en ataque -tres goles de Angelito más una asistencia y un penal generado; un gol de Almada- como en el retroceso: llevan en promedio diez pelotas recuperadas por fecha.
El abrazo entre Correa y Almada. Foto: Marcelo Carroll.El mapa de estadísticas se amplía si se contabilizan las gambetas exitosas por partido, donde se luce Correa (2,57,#2 en el país detrás de Leonel Flores, de Boca) y en remates (3 por encuentro, #4 en la LPF).
Andrada, el tercer vértice y motor del equilibrio
Ahora bien: ese triángulo de fierro riverplatense tiene otro vértice, que es Andrada. Con 19 años y un criterio de jugador mayor, es sostén por despliegue e intensidad. Los 10,28 kilómetros que en promedio Tobías ha recorrido desde su llegada a River el volante los transitó mayoritariamente en acciones de recuperación (6 por encuentro cada 90’) y/o de presión, con un pase al pie (83% de media) y un mapa de calor que se extiende como si se tratara de una especie de pirámide con base el sector derecho de la cancha.
Tobías Andrada en el Camp. Prensa RiverEsa capacidad para moverse por todo el medio es la que le ha permitido a Ponzio mantener un solo pivote (Vera): es Andrada -quien en Vélez jugó en tándem con otros 5, como Rodrigo Aliendro- el que retrocede para relevar, para cerrar como lateral derecho cuando Gonzalo Montiel pasa al ataque.
De ahí el éxito de este esquema piramidal que está lejos de ser una trampa de inversiones: los u$s 44 millones que invirtió River en el mercado por el combo Andrada (u$s 6M por el 66%), Almada (u$s 23M) y Correa (u$s 15M) están generando rendimientos. Una sintonía fina invaluable como aquellas que se dejaban con una marquita en los displays ochentosos. Anhelando que la perilla no se moviera nunca…










