Casi como una remake de la final, pero en un modo casi opuesto. Lionel Scaloni es el último en irse del Monumental después de la despedida de Lionel Messi de la Selección. Ya es madrugada cuando se sube al auto con sus hijos Ian y Noah y su pareja Elisa. Con la emoción de haber sido parte de una noche que quedará en el inconsciente colectivo para siempre, con el orgullo de ser el técnico que pudo lograr ver feliz a Lionel Messi en la Selección.
Como sucedió en Nueva Jersey, aquella noche que puso en duda su continuidad en la zona mixta MetLife cuando le dijo a Olé que “seguramente en diciembre no continúe”, el entrenador repitió la misma escena. Primero asistió a la conferencia de prensa y después habló en zona mixta. En Estados Unidos había decidido parar porque no había hablado ningún jugador y así buscó evitar una multa a la AFA, acá lo hizo como un guiño a los periodistas que lo aguardaban y porque realmente entendía que tenía más cosas para decir. “Se fue el mejor de todos”, dice antes de un breve diálogo con Olé.
-¿Con qué te quedás de esta noche, Leo?
-Me quedo con que merecía esto él. No se podía ir de esta camiseta sin tener una noche como esta. Porque no se va a repetir algo igual, es imposible. Tiene que ser un extraterrestre para que surja algo igual. Va a ser imposible… Haberlo disfrutado durante ocho años, yo le he visto hacer cosas que en mi vida pensé que podía hacer un futbolista y lo agarré en los últimos años. Imaginate lo que debe haber sido poder dirigirlo con 20 o 21 años.
-Casi como un guiño del destino terminaste armando el final del partido con un equipo repleto de chicos que son muy buenos como Mastantuono, Paz y Flores.
-Intentamos que todos tengan su noche. También demostrar que después de él intentaremos hacer algo… El grupo, que todos sean parte, más allá de que sean jóvenes. Todos formen parte de esto y salió bien.
A un costado, sus hijos observan la marea periodística que sigue a su papá. Lo hacen con la misma actitud del Gringo, entendiendo que es parte de ser el técnico de la Selección más ganadora de la historia. “Se tomaron un avión anoche: decidieron con la mamá de venir a una noche única. Ellos entienden lo que es jugar con esta camiseta“, dice papá Lionel, mientras observa a sus dos hijos, el gigante Ian, que a sus 14 años está más alto que su padre, y a Noah, de 10, quien fue el que estuvo más pegado cuando Messi daba el discurso en el campo de juego.
“Ha sido un sueño que pude hacer realidad, nunca pensé que iba a ser el entrenador del mejor futbolista de la historia. Le agradecemos infinitamente habernos dado la posibilidad de estar con él”, repite el entrenador, y se pierde en la noche, para agarrar el auto e irse a disfrutar con los suyos a Pujato.










