La mora temprana empezó a bajar y bancos y fintech esperan una mejora hacia fin de 2026. El BCRA analiza herramientas para recuperar capacidad crediticia.
Los bancos y las fintech comenzaron a mirar con más atención un indicador que podría anticipar una mejora en la mora de los créditos hacia el final de 2026. Se trata de los atrasos de menos de 90 días, conocidos como mora temprana, que alcanzaron un pico en noviembre de 2025 y desde entonces muestran una tendencia descendente.
El dato genera expectativa en el sistema financiero porque una reducción sostenida de esos atrasos podría comenzar a reflejarse, con el tiempo, en los niveles de mora más prolongada. Sin embargo, los especialistas advierten que el indicador por sí solo no permite anticipar con certeza cómo evolucionará la morosidad general.
Según un análisis de la consultora Econviews citado por Clarín, el stock de personas en situación de mora temprana pasó de aproximadamente un millón en noviembre de 2025 a 722.000 en junio de 2026, una baja del 28%. En los bancos, cayó de 657.000 a 480.000 personas, mientras que entre los proveedores no financieros de crédito pasó de 638.000 a 461.000.
La misma consultora señaló que, medido sobre el saldo de crédito, el indicador bajó de 3,22% a 2,58% en bancos y de 6,68% a 4,35% en los proveedores no bancarios entre noviembre y junio.
Por qué la mora temprana es seguida de cerca
La llamada situación 2 comprende atrasos de más de 31 y hasta 90 días, según la clasificación utilizada por el Banco Central. A partir de los 90 días comienzan las categorías de mayor irregularidad.
El descenso registrado en este segmento es observado como una señal favorable por bancos y fintech. Sin embargo, Econviews marcó una cautela importante: que haya menos personas en situación 2 también puede significar que el crédito dejó de expandirse y, por lo tanto, existe una menor cantidad de personas expuestas a atrasarse.
El propio comportamiento del sistema financiero muestra que el escenario todavía es mixto. En junio, el ratio de irregularidad del crédito al sector privado fue de 7,6%, apenas por debajo del mes anterior. Entre las familias alcanzó el 12,8%, mientras que en empresas fue del 3,5%. Al mismo tiempo, el crédito total al sector privado creció tanto en pesos como en moneda extranjera.
Ese comportamiento explica parte de la cautela del mercado: la morosidad todavía se encuentra en niveles elevados, aunque algunos indicadores comenzaron a mostrar una mejora.
El desafío del sistema: volver a ampliar el crédito
En el Gobierno y entre las entidades financieras consideran que una reducción de la mora puede ser importante para recuperar capacidad de otorgar nuevos préstamos.
El sector calcula que millones de personas quedaron fuera del universo considerado elegible para recibir crédito después del deterioro de la calidad de las carteras. La cifra de 5,8 millones mencionada por el mercado surge del análisis del impacto de la mora y no constituye una medición oficial publicada por el BCRA.
Por eso, el Central trabaja sobre distintas herramientas destinadas a mejorar la capacidad de repago y reducir el riesgo que enfrentan las entidades. Una de las líneas que analiza apunta al uso de avales y garantías que permitan mejorar la calidad crediticia y, eventualmente, reducir el costo de los préstamos.
El objetivo es que una parte mayor de la población pueda volver a acceder al financiamiento a medida que mejora su historial de pagos.
Tarjetas, salarios y nuevas garantías
Entre las alternativas en estudio aparece la creación de un mercado para negociar los cupones de tarjetas de crédito, una herramienta que busca reducir costos y favorecer el financiamiento en cuotas.
Otra posibilidad está relacionada con los códigos de descuento sobre los salarios. El esquema permitiría que determinados créditos sean cobrados directamente de los ingresos del trabajador, lo que para las entidades podría funcionar como una garantía adicional y reducir el riesgo de incumplimiento.
La herramienta genera además una diferencia entre bancos y fintech, ya que estas últimas quedaron fuera de esa posibilidad bajo el esquema laboral vigente mencionado por el sector financiero.
También miran los préstamos en dólares
El otro segmento que despierta expectativas es el financiamiento en moneda extranjera para empresas. Tras las últimas modificaciones regulatorias del Banco Central, el sistema financiero observa margen para que crezca el stock de préstamos dolarizados, especialmente para compañías que tienen ingresos vinculados al dólar.
La expectativa está asociada a la posibilidad de acceder a tasas más bajas en un escenario de mayor estabilidad cambiaria. De todos modos, los bancos todavía mantienen una postura prudente frente a este tipo de operaciones.
El crédito al sector privado ya mostró una recuperación durante el primer semestre: en junio, el saldo real del financiamiento total creció 3,1% mensual y 10,1% interanual, considerando todas las monedas.
El escenario hacia los próximos meses dependerá, en buena medida, de si la reducción de los atrasos tempranos logra consolidarse y trasladarse a una mejora más amplia en la calidad de las carteras. El sistema financiero espera que ese proceso permita recuperar gradualmente parte de la capacidad de prestar que se perdió durante el período de mayor morosidad.










