El VAR llegó para traer soluciones y no problemas. La idea de contar con un fútbol más justo o al menos de achicar el margen de error debe o debería seguir siendo un objetivo de todos. Las críticas, a la larga, no son por el sistema en sí, sino por la forma en la que se termina implementando. Por eso, hay competencias en las que las polémicas son mucho menos explosivas y continuas que en otras.
Ahora bien, para poder salir del modo sospecha que lo rodea hoy en el fútbol argentino, hay que dar un salto de calidad desde lo tecnológico. Las herramientas con las que cuenta el VAR argentino piden a gritos una renovación que justamente limite el espacio de la discrecionalidad.
Dos ejemplos del fin de semana, entre miles, sintetizan cómo el avance en tecnología eliminaría gran parte de las discusiones que atraviesan al fútbol argentino.En Gimnasia de Mendoza-Boca, un partido en el cual se supone hay mayor cobertura de cámaras de la televisación, se dio una jugada que por el ángulo de la imagen era tan discutible decir que era offside como que no lo era. Un gol del Lobo que Herrera daba por válido y en el que recibió el llamado de Trucco desde la cabina. Conclusión: se anuló por un hombro adelantado y se acompañó de una imagen que oscurecía antes que aclarar.
En el clásico rosarino, el gol de Cóccaro para el empate de Newell’s quizá se la banca con el registro que hoy se puede hacer, pero en el de Atlético Tucumán para ganarle el partido a Racing en el descuento también la prueba fue confusa. Echavarría lo había anulado y el VAR lo corrigió sin que las líneas manuales que se tiraron generaran confianza.
La llegada del sistema de offside semiautomático, estilo Mundial, se impone. Seguirán existiendo dudas y acusaciones en otras jugadas. Quizá el sistema para certificar si la pelota pasó completamente la línea final y es gol sea costoso, pero eliminar las controversias en cada jugada adelantada no puede esperar más.











