​Maradona cumple 66: perdón, Diego, todavía no aprendimos a hablar de vos en pasado 

  

Ninguna IA puede explicar o resumir lo que sentimos por Diego. Ningún algoritmo, por más sofisticado que sea, podría descifrar por qué un pueblo sigue emocionándose al ver una gambeta de hace cuarenta años, por qué una pelota detenida sobre la zurda de un número 10 todavía genera escalofríos o por qué, cada 30 de octubre, Argentina parece detenerse unos segundos para mirar al cielo. Hay cosas que no entran en una base de datos. Diego Armando Maradona es una de ellas.

Este viernes habría cumplido 66 años. Y la sola utilización del condicional duele. Porque, aunque ya pasaron casi seis años desde aquella mañana que paralizó al país y al mundo, seguimos hablando de Diego en presente. Lo hacemos porque sigue apareciendo en cada cancha de barrio, en cada pibe que intenta enganchar para un lado y salir para el otro, en cada entrevista, en cada video viral… Ahí sí: gracias algoritmo por darnos más y más Diego. Hablamos de él en presente, también, porque su imagen continúa siendo parte de nuestra vida cotidiana. Y porque hay personas que no se van nunca del todo. La cultura mexicana, en su famoso, cultural y tan lindo Día de Muertos, dice que “solo se muere cuando se olvida”. ¿Y a Pelusa quién lo va a olvidar? Nadie. De eso nos haremos cargo nosotros.

El aniversario de su nacimiento encuentra a la Argentina atravesada por una herida que sigue abierta. En medio del juicio que busca esclarecer las responsabilidades por su muerte, el deseo colectivo es uno solo: que haya justicia. Por Diego, por sus hijas e hijos, por sus nietos, por su familia y por todos los que todavía sienten que aquella despedida quedó incompleta. La verdad no devolverá su sonrisa ni sus goles, pero puede ofrecer algo de paz donde todavía hay demasiadas preguntas.

También es inevitable mirar el contexto futbolero y encontrar nuevas señales de su ausencia. Hace apenas unos meses, la camiseta número 10 de la Selección Argentina quedó vacante tras el final de una era irrepetible. Por caso, Leo Messi es el mejor homenaje a Diego. Y ahora, poco después de que el otro gran dueño de ese número dejara de vestirla, llega un nuevo cumpleaños de Maradona. Dos generaciones marcaron épocas diferentes, pero hay algo que el tiempo no modificó: Diego sigue ocupando un lugar único en la memoria. No como una medida para comparar, sino como una huella imborrable que atraviesa generaciones.

Diego, bandera eterna. (AFP)Diego, bandera eterna. (AFP)

Su amado Boca también atraviesa horas especiales. A las puertas de una nueva final de Copa Sudamericana, miles de hinchas xeneizes volverán a buscar en los archivos, en las fotos y en los recuerdos la imagen del pibe que llegó desde Villa Fiorito para convertirse en ídolo eterno. Porque Boca y Diego terminaron construyendo una relación que excede cualquier estadística. Es una cuestión emocional. De pertenencia. De identidad. De banderas en la Bombonera, telones. De su cara en remeras. Del mechón rubio y de su palco. De Dalma y Giannina, dos bosteras de sangre y apellido.

Maradona fue campeón del mundo, fue campeón con Boca, fue capitán, fue entrenador y fue leyenda. Pero reducirlo a una lista de logros sería injusto. Diego representó algo mucho más complejo y profundo: la posibilidad de creer que los imposibles pueden suceder. Fue la rebeldía, el talento sin permiso, el desahogo de millones que encontraron en él una forma de sentirse representados frente al mundo.

Por eso cada cumpleaños suyo se parece menos a una efeméride y más a un encuentro. Se lo recuerda en los bares, en las tribunas, en las sobremesas familiares y en las redes sociales. Se discute sobre sus goles, sus frases, sus gestos, sus contradicciones y sus milagros. Porque Diego fue humano, profundamente humano. Y quizás ahí radique una parte de su inmortalidad.

Beso de Diego. (AFP)Beso de Diego. (AFP)

A los 66 años que no pudo cumplir, Argentina vuelve a abrazarlo. Abraza también a su familia. Y sigue esperando justicia. Mientras tanto, como cada 30 de octubre, lo extraña. Mucho. Porque hay ausencias que el tiempo no consigue acomodar. Porque hay mitos que no aceptan el pasado como residencia definitiva. Y porque, aunque el calendario avance, aunque pasen los años y las generaciones, todavía cuesta escribir estas líneas sin repetir la misma sensación:

  • A Diego no lo olvidamos. A Diego no lo superamos. A Diego, simplemente, lo seguimos adorando.
Telón de Diego en la Bombonera. (REUTERS)Telón de Diego en la Bombonera. (REUTERS)

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