El incumplimiento en el pago de créditos alcanzó su nivel más alto en dos décadas y ya afecta a uno de cada cuatro deudores. Según datos del Banco Central, más de siete millones de personas perdieron el acceso al financiamiento, mientras los bancos endurecen las condiciones para otorgar nuevos préstamos ante el aumento del riesgo de incobrabilidad.
La morosidad en el sistema financiero argentino continúa en ascenso y alcanzó en mayo su nivel más elevado de los últimos veinte años, de acuerdo con los datos difundidos por la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
El informe señala que el incumplimiento en los créditos de personas físicas pasó del 12,1% en abril al 12,7% en mayo, mientras que en el segmento de empresas aumentó del 3,3% al 3,5%. En conjunto, la mora sobre el total de préstamos al sector privado llegó al 7,7%, un indicador que refleja el deterioro de la capacidad de pago de familias y compañías.
Uno de los datos que más preocupa es la pérdida de acceso al crédito. El relevamiento indica que más del 27% de quienes habían obtenido un préstamo dejaron de ser considerados sujetos de crédito, lo que representa cerca de siete millones de argentinos que actualmente no pueden acceder al financiamiento tradicional.
Los jóvenes son el grupo más afectado por esta situación. Entre las personas de 18 a 25 años, el 42,8% registra al menos una obligación en situación irregular. En el segmento de 26 a 35 años, la mora alcanza el 39,3%, mientras que entre quienes tienen entre 36 y 45 años llega al 31%. En el grupo de 46 a 55 años, el porcentaje desciende al 23,5%.
El deterioro también se refleja en las entidades financieras no bancarias, donde la mora escaló hasta el 32,2% durante mayo. Hace apenas un año y medio ese indicador se ubicaba por debajo del 10%, lo que evidencia el fuerte crecimiento de las dificultades para cumplir con las obligaciones financieras.
Ante este escenario, las entidades bancarias endurecieron las condiciones para otorgar nuevos créditos. Los bancos redujeron la aprobación de préstamos, limitaron el aumento de los límites de las tarjetas de crédito y reforzaron los controles sobre la capacidad de pago de los solicitantes para disminuir el riesgo de incobrabilidad.
En contraste, el crédito en dólares continúa mostrando un mejor desempeño, impulsado principalmente por operaciones vinculadas al comercio exterior y la prefinanciación de exportaciones, sectores que mantienen una mayor demanda de financiamiento pese al complejo contexto económico.











