que en 2015. La fecundidad cayó a 1,2 hijos por mujer y crece la postergación de la maternidad.
La cantidad de nacimientos en Argentina cayó 46% entre 2015 y 2024, en uno de los cambios demográficos más marcados de las últimas décadas. En 2015 se registraron 770.040 nacidos vivos, mientras que nueve años después fueron 413.135, una diferencia de 356.905 nacimientos anuales. Los datos surgen de las estadísticas vitales de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación.
La caída, además, continuó durante el último año de la serie: entre 2023 y 2024 los nacimientos disminuyeron un 10,4%, al pasar de 460.902 a 413.135. La tasa bruta de natalidad también llegó a su nivel más bajo de los últimos años, con 8,9 nacimientos cada mil habitantes, frente a 17,9 por mil en 2015.
Detrás de esta transformación aparece también una fuerte reducción de la fecundidad. Según el UNFPA Argentina, en 2024 la tasa global de fecundidad descendió a 1,2 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 necesarios para el reemplazo poblacional en ausencia de migración.
Una caída sostenida durante casi una década
La reducción no se concentró en un solo año. Después del máximo de 770.040 nacimientos registrado en 2015, la cifra descendió a 728.035 en 2016, 704.609 en 2017, 685.394 en 2018 y 625.441 en 2019.
La tendencia se profundizó durante los años siguientes: 533.299 nacimientos en 2020, 529.794 en 2021, 495.295 en 2022, 460.902 en 2023 y finalmente 413.135 en 2024.
El resultado es una transformación significativa de la estructura demográfica argentina. En 2024 no solo hubo menos nacimientos que en 2015, sino que también se registró una tasa de natalidad prácticamente 50% menor que la de aquel año.
Menos hijos y maternidad más tardía
El fenómeno tampoco puede explicarse únicamente por una menor cantidad de nacimientos. El UNFPA señala que la caída de la fecundidad en Argentina está acompañada por una menor fecundidad adolescente, una postergación de la maternidad hacia los 30 y 39 años y un aumento de personas y parejas que deciden no tener hijos o tener menos hijos que las generaciones anteriores.
Una investigación publicada por el organismo en agosto de 2026 puso además el foco en una cuestión diferente: no todas las personas que tienen menos hijos necesariamente desean tener familias más pequeñas. El estudio sobre intenciones reproductivas busca analizar también las condiciones económicas, personales y sociales que pueden dificultar la concreción de esos proyectos.
En ese contexto, especialistas en medicina reproductiva plantean que la conversación sobre fertilidad debería comenzar antes de que aparezcan dificultades para concebir.
La edad es uno de los factores que influyen en la fertilidad femenina y, con el paso del tiempo, disminuyen tanto la cantidad como la calidad de los ovocitos. Por eso, entre las alternativas que se analizan aparece la preservación de la fertilidad mediante vitrificación de óvulos, aunque esta herramienta no garantiza un embarazo futuro ni existe una edad universal que asegure un resultado determinado.
Un fenómeno que también se observa en el mundo
La caída de la fecundidad no es exclusiva de Argentina. Según World Population Prospects 2024, de Naciones Unidas, la fecundidad mundial se ubicó en 2,25 nacimientos por mujer, frente a 3,31 en 1990. Más de la mitad de los países y territorios ya presentan una fecundidad por debajo del nivel de reemplazo de 2,1.
Cerca de una quinta parte de los países presenta además niveles considerados de fecundidad ultrabaja, inferiores a 1,4 hijos por mujer. Entre ellos aparecen China, Italia, Corea del Sur y España.
En Argentina, sin embargo, la velocidad del descenso convirtió a la cuestión demográfica en un tema cada vez más relevante. La reducción de los nacimientos modifica la estructura por edades de la población y plantea desafíos a futuro para los sistemas educativos, de salud, previsionales y para el mercado laboral.
La discusión, en ese sentido, ya no gira solamente alrededor de cuántos chicos nacen cada año, sino también de por qué las personas postergan o modifican sus proyectos familiares y qué condiciones encuentran para concretarlos.










