Pasadas las 8:30 de este lunes, Tobías Ramírez dio el primer paso formal para convertirse en refuerzo de River. El zaguero central de 19 años ingresó al Centro Médico Rossi para realizarse la revisión médica de rigor y, si no surgen imprevistos, firmará su contrato alrededor del mediodía para sellar su llegada al club de Núñez. La operación se cerró en 3.500.000 dólares por el 80% del pase, en un acuerdo con Argentinosque deja conformes a todas las partes.
De esta manera, Eduardo Coudet cumple con un viejo anhelo. Intenso e insistente en el mercado, el entrenador había puesto sus ojos en Ramírez desde su etapa en Alavésy no dejó de seguirlo pese a los cambios de contexto. Aquella negociación inicial, que no prosperó en Europa, terminó encontrando su desenlace en el fútbol argentino, con el Chacho ya instalado en el banco de River.
Tobías Ramírez en el Centro Rossi. Foto: Joaquín TabaresLa historia del pase es la de una gestión que se estiró en el tiempo, cambió de escenario y mantuvo una misma lógica: convicción, perseverancia y timing. A fines de febrero, el club español había ofertado 3.000.000 de dólares por la totalidad de la ficha, cifra que Argentinos consideró insuficiente. Incluso, el defensor había estado cerca de emigrar al exterior tras rechazar una propuesta del Inter Miami de Lionel Messi, priorizando un salto deportivo.
Tobias RamirezPrensa Argentinos
Ya en River, Coudet volvió a la carga por el juvenil que suma 43 partidos en Primera y que en La Paternal habían decidido preservar ante una inminente venta. Esta vez, con una oferta superadora y la decisión firme de incorporarlo, el CARP logró cerrar la operación: Argentinos obtiene un ingreso necesario y conserva un porcentaje a futuro, mientras que Ramírez tendrá la oportunidad de seguir creciendo en un club de máxima exigencia.
Tobias RamirezPrensa Argentinos
Así, a pura insistencia, el Chacho vuelve a salirse con la suya. El llamado que no tuvo respuesta semanas atrás encontró eco en Núñez. Y River suma una pieza que el entrenador considera clave, en una historia que confirma que, cuando Coudet apunta a un jugador, difícilmente lo deje escapar.











