En cada pisada, en cada mirada provocadora y en cada gambeta se esconden vestigios de un jugador que encandiló al mundo durante más de diez años. Neymar llegó al Nuevo Gasómetro para ser el centro de la escena, y así lo hizo. Es cierto, ya no tiene la potencia que lo caracterizaba en sus comienzos, cuando vistiendo la camiseta del Santos levantó la Copa Libertadores, pero su clase y su simpatía siguen ahí, intactas.
Las fotos con la camiseta de Boca (Santos se entrenó en Casa Amarilla) inauguraron su travesía porteña. Los encuentros con Ander Herrera y Giuliano Galoppo -volante de River- adornaron una visita que prometía quedar en el recuerdo. “Estoy muy feliz por el cariño que recibí de la gente y de los hinchas de San Lorenzo”, le contó a Olé, sin imaginarse lo que se vendría. Incluso se tomó un tiempo para recibir a Neymar Sebastián Massa Olevar, un niño argentino de ocho años que comparte nombre con el ídolo. El chico se llevó su foto y su camiseta firmada.
Neymar junto a Ander Herrera.Neymar fue el centro de la escena en el Nuevo Gasómetro
El accionar del brasileño en el Pedro Bidegain dejó imágenes para el recuerdo. La genuina decisión de acercarse a saludar a los hinchas cuervos ubicados en la zona de discapacitados y en la platea baja, incluso dejando de lado la entrada en calor, provocó que las tribunas se rompan las manos por el 10 del Peixe. Luego de saludar y aplaudir al resto del estadio, se metió en el túnel para dar comienzo a su función. Porque sí, eso fue solo la precuela.
Antes de que el árbitro Jhon Ospina de comienzo al encuentro, Neymar volvió a saludar y revolear besos a ambas parcialidades, como si lo trascendental del partido hubiese pasado a segundo plano. Fue artífice intelectual del gol de Gabriel Barbosa (con un gran pase a Benjamín Rollheiser) y ni lo álgido del encuentro generó represalias por parte del Nuevo Gasómetro. Apenas algún tibio silbido que se vio rápidamente opacado.
La noche de Ney en Buenos Aires.Foto: REUTERS/Rodrigo Valle
Una sensación para propios y ajenos
Con el empate 1-1 consumado -en el que el 10 completó los 90′ sin aquejar problemas físicos-, llegó un instante de distensión. Un hincha del Ciclón irrumpió en el campo de juego para saludarlo y el 10 lo mimó. Camino a los vestuarios se abrazó con Nahuel Barrios, intercambió camiseta con Ezequiel Herrera y de yapa le regaló sus botines a Fabricio López. Neymar, una vez más, dejó imágenes para el recuerdo.











