Marcelo Gallardo quedó en el foco de todos después de un arranque de 2026 que, salvo por esas primeras presentaciones aceptables de enero, ya es una continuidad del pésimo 2025 de River. La gente ubica al Muñeco como el máximo responsable de esta crisis y así lo mostró en la última encuesta que hizo Olé al respecto. Ahora bien, los futbolistas tampoco se salvan en este escenario: es cierto que algunas decisiones de MG parecen piñas al aire que no colaboraron para darle confianza a su equipo y que el propio entrenador fue quien armó, decenas de millones de dólares mediante, este plantel y eligió a todos los jugadores que lo integran, pero hay niveles individuales por el subsuelo que no pueden explicarse meramente por la impericia del técnico.
Empezando de adelante hacia atrás: incluso en los triunfos con Barracas y Gimnasia que dejaban algunas buenas sensaciones, los delanteros de River continuaron con prestaciones bajísimas por arrastre de la temporada pasada. Porque aunque ninguno sea un killer de área y los picos de rendimiento de sus carreras hayan sido al lado de un nueve que hoy no está ( Driussi con Alario, Colidio con Retegui, Salas con Maravilla Martínez), los tres puntas principales del staff atraviesan un bajón inaceptable. Y no solo por la extensa sequía que tienen sino por la desconexión con el juego, la cantidad de pérdidas de pelota por partido, la ínfima voracidad para buscar el gol y en algunos casos por una mala performance física, especialmente en un Driussi que sigue acumulando lesiones musculares desde su regreso y un Salas tan pesado en sus movimientos que pausa todos los ataques que protagoniza.
Driussi, Salas y Colidio, sin chispa ni gol. (Prensa River).En la fase creativa la cosa no pinta mucho mejor: Juanfer Quintero es una manta corta en sí mismo. El colombiano es el único que puede aportar algo diferente pero en muchos tramos de estos partidos pareció ser uno menos y volvió dramáticamente a jugar de lanzador demasiado lejos del área rival. En todo caso, el caso de JFQ sirve para explicar el momento de River: en los mejores equipos de Gallardo, y aún en una versión más fina del 10, el colombiano era habitualmente suplente y un arma para los últimos minutos; hoy es titular, capitán y el único capaz de hacer jugar a algo a sus compañeros. A otra escala, pasa algo similar con Tomás Galván, otro de los que zafa en la mirada del hincha al cabo de estas primeras fechas: en otros River que ya ni siquiera eran los más emblemáticos de la última década el volante no tenía lugar (por eso fue cedido a DyJ, Colón, Tigre y Vélez consecutivamente entre 2022 y 2025) y hoy no solo es parte del plantel sino que es titular y de los pocos que le aportan algo de desfachatez al CARP.
Más atrás, con un Fausto Vera que de momento parece el más regular de todos, Aníbal Moreno combinó partidos en los que fue figura e hizo olvidar por un rato el vacío en el medio y otros en los que cometió errores amateurs y quedó muy desdibujado: aún con esos vaivenes, el ex Palmeiras todavía tiene bastante crédito, claro.
Aunque posiblemente el bajón más pronunciado de este tramo pase por la defensa. Después de tres partidos iniciales sin goles en contra y con cierta solidez, el nivel de los últimos dos juegos de la dupla central fue demasiado bajo y especialmente Lautaro Rivero sorprendió por una fragilidad que no había mostrado en 2025: tanto él como MQ se vieron ante Tigre y AAAJ muy descoordinados, nerviosos, mal con la pelota, pero sobre todo muy endebles en todos los duelos, un factor que le da elocuencia al pedido original de Gallardo de contratar a un tipo duro como Romaña.
Lautaro Rivero y un nivel bajísimo en los últimos dos juegos (Juano Tesone).Pero acaso más preocupante se vea la pelea por el lateral izquierdo. La contratación de Matías Viña parecía darle jerarquía y paridad a la disputa por el puesto con Acuña, pero el uruguayo de momento mostró rendimientos impropios para un profesional y lo del Huevo no fue mucho mejor: pesado en sus movimientos, el nerviosismo por el que coquetea con la expulsión cada partido ya se trasladó a su juego.
Por lo demás, con un Montiel que aporta algo de corazón aún lejos de su mejor versión y con un Santiago Beltrán al que no se le puede decir demasiado al cabo de sus primeras presentaciones oficiales, el drama es que hoy, incluso a la expectativa de lo que pueda hacer Kendry Páez, ninguno de los habituales suplentes parecen aptos para mejorar al equipo desde el banco, con pibes a los que les falta horno y rendimientos exasperantes en futbolistas como Castaño y por momentos Galoppo, sin contar a un Galarza Fonda que ya ni siquiera es opción.
Sí, la responsabilidad principal es de un Gallardo que evidentemente hoy no le llega al plantel, pero los jugadores tampoco ayudan y siguen en el subsuelo…











