Es sabido que a Lionel Messi nunca le gustó ser el centro de atención. De perfil bajo, tímido y reservado desde siempre, jamás se caracterizó por ocupar el rol protagónico en eventos públicos, y muchas veces los homenajes y reconocimientos que recibe parecen incomodarlo más de lo que lo entusiasman. Eso volvió a percibirse durante el homenaje que le rindió Donald Trump al Inter Miami tras la consagración en la Major League Soccer a fines de 2025, donde Messi se mostró incómodo, fiel a su estilo reservado, aunque esta vez esa incomodidad pareció tener un matiz distinto, algo adicional a la timidez habitual que suele acompañarlo en este tipo de ceremonias.
Foto: REUTERS/Jonathan ErnstLa ceremonia en la White House siguió un protocolo cuidadosamente organizado. Primero ingresó al salón el plantel completo de Inter Miami, que tomó ubicación para el acto formal ante funcionarios, invitados y parte de la prensa acreditada. Minutos después llegó uno de los momentos centrales de la jornada: la entrada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acompañado por el propietario del club, Jorge Mas, y por el capitán del equipo, Lionel Messi.
Foto: Yuri Gripas/Abaca/BloombergLuego de la entrada, al momento de subir al estrado, Lionel Messi dejó ver la primera señal de incomodidad al ubicarse en el escenario: algo desconcertado por encontrarse en un lugar distinto al de sus compañeros -porque, pese a ser el mejor, siempre se percibe como uno más dentro del equipo- optó por acomodarse cerca de ellos, corriéndose del centro del plano donde estaba Donald Trump. El gesto, sutil pero evidente, reforzó la sensación de incomodidad del capitán argentino ante la cercanía con el presidente de Estados Unidos en un contexto internacional atravesado por tensiones internacionales.
Foto: REUTERS/Jonathan ErnstPese a que el evento tenía un carácter plenamente futbolístico, Donald Trump se apartó del eje del homenaje —algo que parecía previsto, ya que leyó un discurso preparado— y comenzó a referirse a temas de política internacional, mencionando la guerra contra Irán y las situaciones de Venezuela y Cuba. Aunque Lionel Messi siempre ha dicho que no entiende inglés, no hacía falta comprender cada palabra para percibir que el presidente estadounidense estaba hablando de conflictos bélicos y tensiones geopolíticas que involucran a su país en los últimos días. En ese momento, la expresión de Messi cambió por completo: dejó de mirar al público, bajó la mirada por algunos segundos y adoptó un gesto serio, visiblemente incómodo; incluso cuando el resto de los presentes aplaudió el cierre del fragmento del discurso, el capitán argentino permaneció quieto, sin sumarse al aplauso, reforzando la sensación de distancia frente a lo que estaba ocurriendo en el escenario.











