“Se la puso difícil a España, que es una de las favoritas por más que haya merecido ganar; Uruguay no ha podido y Arabia tampoco”. Una enumeración sencilla le alcanzó a Lionel Scaloni para alertar que Cabo Verde no debe considerarse un trámite exprés, un free pass a los octavos de final. Seis días antes de salir al campo del Hard Rock Stadium y con apenas un puñado de horas para intensificar la planificación del cruce ante los africanos, el entrenador marcó un stop. De esos que en Estados Unidos equivalen a una luz roja -y que los drivers argentinos no siempre respetan.
Scaloni no quiso frenar el optimismo, aunque sí lo tiñó de realismo. “Viendo lo que observé (de Cabo Verde) como equipo, no me sorprendió su clasificación. Le ha hecho difíciles las cosas a los rivales que ha jugado. Es inútil que diga que no es un rival duro porque sería mentira: lo es y nos va a poner a cosas difíciles. Por lo que estamos viendo en este Mundial, sobre todo, es para tener cuidado. Juega bien, tiene calidad, es un buen equipo, rápido”, monologó. Con razón.
Cabo Verde, celebrando (EFE).“Hemos demostrado que nada es imposible”, razonó Bubista, el técnico de la Cenicienta de la Copa del Mundo que esperará desde las 7 PM del viernes -horario incómodo en pleno verano, al menos desde la óptica de LS- dar el batacazo contra la campeona del mundo. Un seleccionado que convirtió cada partido del grupo en una batalla desde la intensidad física, la disciplina táctica y una identidad que obligó a España, Uruguay y Arabia Saudita a jugar partidos muy distintos de los que imaginaban.
En términos de métricas, la Roja fue la que más sufrió para quebrar el muro: aunque los españoles dominaron (734 pases contra 205) y remataron 27 veces, 8 de esos disparos fueron bloqueados y otros 12 terminaron desviados. Además, igualó el porcentaje de duelos (50%/50%), realizó 49 recuperaciones y 46 despejes. El resultado: un cero a cero que empezó a marcar la temperatura de lo que ocurriría más adelante. El avance a la siguiente ronda pese a la escasa experiencia.
Uruguay también encontró una oposición mucho más incómoda de lo esperado: pese a que la Celeste tuvo la pelota el 65% del tiempo y que la distribuyó, Cabo Verde ganó el 51% de los duelos y tuvo un impresionante 94% de éxito en sus acciones defensivas. Otro punto a atender: cuando tiene que cerrar los caminos de su adversario, el elenco de Bubista es hábil.
El festejo de Cabo Verde (EFE).Sin que eso le quite poder de fuego: al equipo de Marcelo Bielsa le hizo dos. Y la mejor versión llegó frente a Arabia Saudita (0-0): tomó la iniciativa, dominó el trámite, recuperó pelotas y volvió a tener una altísima eficiencia al momento de disputar las pelotas. Siempre con intensidad.
Es por eso que Scaloni se anticipó en pos de evitar que se crea que el de 16avos será una especie de trámite exprés para llegar a los octavos. “No hay que marearse sino seguir jugando, dando el máximo, esta camiseta implica siempre dar el máximo, rendir, intentar hacerlo lo mejor posible, intentar ganar. Y lo harán siempre: llevan adentro el competir, y así será”, hizo flamear la bandera del estilo argento. “Al menos mientras esté yo, así será”. Porque el CT pregona esa adrenalina, esa sensación en la panza, según las propias palabras del entrenador. Y el plantel está alineado.
Scaloni, en Dallas (EFE).“Estamos muy bien, ahora pensaremos en Cabo Verde, será seguramente un partido muy difícil”, adelantó Leandro Paredes. En consonancia, Nicolás Otamendi pidió mesura. “Es un rival duro: por algo se clasificó a la siguiente fase. Tenemos que seguir con la misma mentalidad, respetando a los rivales con la humildad de todos estos años y hacer nuestro juego que es lo más importante”.
Bajo la filosofía de la morabeza -vivir sin estrés- el equipo de Bubista transformó esa mentalidad en una identidad competitiva que lo llevó a superar por primera vez una fase de grupos y convertirse en la gran revelación del torneo: en el cargo desde 2020, el deté logró consolidar en el Mundial un equipo con fuerte sentido de pertenencia pese a que casi todos sus futbolistas nacieron fuera del archipiélago. La obligación de hablar criollo caboverdiano y una estructura táctica disciplinada consolidaron un grupo intenso para presionar, recuperar y atacar en transición.
Ahora, el seleccionado africano sueña con seguir haciendo historia frente a Argentina. Un envión que Scaloni pretende neutralizar bajando una línea de mesura. Enfrente, un Cabo Verde sólido que llegó a Estados Unidos para “divertirse” buscará dar otro golpe con una identidad basada en la agresividad, el compromiso colectivo y la confianza. Por eso, ante todo, calma: nada está asegurado.











