Trabajadores de la PIAP reclaman decisiones políticas para garantizar la continuidad laboral

La incertidumbre sobre el futuro de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en Arroyito, volvió a instalarse en la agenda pública luego de que ni el presidente Javier Milei ni el gobernador neuquino hicieran referencia a la situación de la planta en sus discursos de apertura de sesiones.

Los trabajadores, nucleados en Asociación Trabajadores del Estado (ATE), expresaron su malestar por la falta de definiciones políticas y sostienen medidas de fuerza frente a la Casa de Gobierno de Neuquén, en la capital provincial.

Johnny Valenzuela, integrante de la Junta Interna de ATE en la PIAP, afirmó que la omisión del tema en los discursos oficiales “nos dejó desencontrados” y reclamó que se incorpore en la agenda política la necesidad de garantizar la continuidad laboral de los 120 trabajadores que actualmente realizan tareas de mantenimiento. “Las condiciones para producir agua pesada están dadas, pero falta la decisión política”, advirtió.

La PIAP —única en su tipo a nivel mundial— fue paralizada en 2017 y desde entonces permanece en modo de conservación. En su etapa de mayor actividad llegó a emplear a más de 480 personas. Hoy, los trabajadores alertan que el abandono prolongado podría derivar en riesgos ambientales y de seguridad, ya que en sus instalaciones se manipulan sustancias como amoníaco y otros gases industriales.

Según Valenzuela, existe un mercado asegurado para al menos 180 toneladas anuales de agua pesada, insumo clave para la generación de energía nuclear, aplicaciones medicinales y desarrollos tecnológicos. “Tenemos compradores, capacidad técnica y mano de obra calificada. Lo que falta es voluntad política”, remarcó.

La situación se complejizó tras el recambio de autoridades en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), que dejó sin efecto los planes de reactivación en evaluación. Además, la empresa Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI), actual operadora de la planta, analiza retirarse de la gestión, lo que incrementa la incertidumbre sobre la continuidad operativa.

Mientras tanto, los trabajadores mantienen una protesta diaria de 8 a 14 frente a la Casa de Gobierno, a la espera de una reunión con el gobernador. “Estamos batallando para que la planta vuelva a ponerse en marcha. No es solo un reclamo laboral: la PIAP puede aportar divisas, valor agregado y desarrollo para Neuquén y para el país”, concluyó Valenzuela.

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