Un informe advierte que la fruticultura argentina perdió competitividad y exporta cada vez menos, mientras crecen las importaciones. El alto “costo argentino” y la apertura comercial sin alivio fiscal profundizan el desequilibrio del sector.
La fruticultura argentina, históricamente ligada al abastecimiento del mercado interno y a las economías regionales, atraviesa uno de sus momentos más complejos. Un informe elaborado por la ingeniera agrónoma Betina Ernst, publicado en el newsletter de Top Info, expone el delicado escenario que enfrenta el sector, atrapado entre la caída sostenida de las exportaciones y el avance acelerado de las importaciones de frutas.
El análisis señala que, por primera vez, Argentina dejó de ser claramente un país exportador neto de frutas y comenzó a mostrar un equilibrio preocupante entre lo que vende al exterior y lo que compra en el mercado internacional.
Una tradición frutícola con foco histórico en el mercado interno
La producción frutícola en Argentina tiene raíces profundas. Los inmigrantes europeos introdujeron técnicas de cultivo que encontraron condiciones favorables en distintas regiones del país. Durante décadas, la producción estuvo orientada principalmente al consumo interno, mientras que la industrialización absorbía la fruta no apta para el mercado fresco.
La exportación de fruta fresca siempre ocupó un lugar secundario, con pocas excepciones, una tendencia que se profundizó en los últimos veinte años por la ausencia de políticas de apoyo sostenidas para el sector.
El peso del “costo argentino” y la pérdida de competitividad
Según el informe, la fruticultura fue perdiendo terreno frente a otros complejos productivos que concentran la generación de divisas, como oleaginosas, granos, hidrocarburos y minería. En contextos de crisis recurrentes, el país priorizó esos sectores, relegando a las economías regionales.
A esto se sumaron una alta presión tributaria, un sistema laboral complejo, costos logísticos elevados y una creciente burocracia. Todo ello derivó en un aumento sostenido del denominado “costo argentino”, que erosionó la competitividad y provocó una fuerte caída de las exportaciones.
“Hay que ser Superman para ser exitoso en la exportación”, resumió un referente del sector citado en el informe.
Pera y limón, los únicos que resisten en el mercado externo
En este contexto adverso, solo dos frutas lograron sostener cierto nivel de exportación: la pera y el limón. Ambos productos cuentan con ventajas competitivas a nivel internacional y se producen en escalas mayores, lo que permite una estructura de costos relativamente más eficiente.
Aun así, su colocación en el mercado externo resulta imprescindible, ya que el mercado interno no alcanza a absorber los volúmenes producidos.
Exportaciones en mínimos históricos y cambio de rumbo económico
Durante 2022 y 2023, las exportaciones frutícolas tocaron un piso histórico, con volúmenes inferiores a la mitad de los registrados una década atrás. La llegada del gobierno de Javier Milei introdujo cambios macroeconómicos relevantes, como la desaceleración de la inflación y una mayor previsibilidad.
Sin embargo, el informe advierte que estas mejoras no se tradujeron en una recuperación profunda del sector frutícola. Persisten los problemas estructurales y la actividad no figura entre las prioridades del actual esquema económico.
Apertura de importaciones y competencia desigual
Uno de los ejes centrales del análisis es la apertura del mercado local a frutas importadas, impulsada para aumentar la competencia y mejorar la calidad del producto nacional. El problema, según Ernst, es que esta apertura se dio antes de reducir impuestos, bajar costos internos o reformar el sistema laboral.
Como resultado, los productores argentinos enfrentan una competencia desigual, al tener que medirse con países que operan con estructuras de costos mucho más bajas, algo que no puede compensarse solo con eficiencia o productividad.
Bananas y frutas importadas ganan espacio en el mercado interno
Las estadísticas muestran que las importaciones crecieron con fuerza, especialmente las de bananas, que concentran la mayor parte de las compras externas. También aumentaron las importaciones de paltas, limas y limones, ananás, uvas, kiwis, manzanas y cerezas, productos que compiten directamente con la producción local.
El informe recuerda que Argentina supo tener una producción bananera relevante, pero la falta de políticas de apoyo provocó su virtual desaparición.
Un dato clave: importaciones y exportaciones ya se igualan
El dato más contundente surge de las cifras de comercio exterior: en 2025, el valor de las frutas importadas igualó al de las exportadas. Aunque en volumen aún se exporta más, el menor valor unitario de la fruta argentina diluye esa ventaja.
Así, el país atraviesa un cambio histórico: ya no es exclusivamente exportador de frutas, sino que también se consolida como importador, un escenario que enciende alertas en las economías regionales y en toda la cadena frutícola.











